Alaska Airlines inauguró su ruta de Seattle a Roma en el debut del Boeing 787 Dreamliner
Alaska Airlines inaugura su ruta Seattle-Roma y marca el debut del Boeing 787 Dreamliner en vuelos transatlánticos
Alaska Airlines ha dado inicio a una nueva era en su historia operativa con el despegue de su primer vuelo directo entre Seattle (SEA) y Roma-Fiumicino (FCO). Este hito no solo representa la expansión de la aerolínea hacia el corazón de Europa, sino que también marca el debut oficial del Boeing 787-9 Dreamliner en rutas de ultra larga distancia para la compañía, tras la integración de este modelo como pieza clave para su crecimiento internacional.

El trayecto, que cubre más de 9.000 kilómetros, se realiza de forma exclusiva con el Dreamliner, un avión cuya eficiencia en el consumo de combustible es un 20% superior a modelos de generaciones anteriores. La elección de esta aeronave es estratégica: gracias a su avanzada tecnología de presurización y mayor humedad en cabina, Alaska busca ofrecer una experiencia de viaje superior en un vuelo que supera las 10 horas, reduciendo significativamente el cansancio del pasajero y el efecto del jet lag.

La configuración a bordo estrena la nueva clase internacional de Alaska Airlines, que incluye asientos lie-flat en Business Class y una renovada propuesta de entretenimiento y gastronomía inspirada en el Noroeste del Pacífico. La conectividad también es protagonista, aprovechando la infraestructura satelital de la flota para garantizar internet de alta velocidad durante todo el cruce del Atlántico, un requisito indispensable para competir en el mercado de viajes corporativos y de ocio premium entre Estados Unidos e Italia.

Estratégicamente, la apertura de esta ruta refuerza la presencia de Alaska Airlines dentro de la alianza oneworld, facilitando conexiones inmediatas en Roma hacia el resto de Europa y África. Además, consolida al Aeropuerto de Seattle como un hub de salida global, compitiendo directamente en rutas que históricamente estaban dominadas por otras aerolíneas. Con el ingreso del 787 a su flota, Alaska deja de ser una aerolínea puramente regional o continental para convertirse en un actor de peso en el tráfico transoceánico.