Crónica de vuelo entre Riga y Estcolmo volando con airBaltic
Crónica de vuelo de Riga a Estocolmo con airBaltic volando en el A220-300
Hace un tiempo tuve la posibilidad de volar una ruta bastante curiosa en una aerolínea no muy conocida y en un avión poco común lo que me tenía con muchas ganas para empezar este viaje comenzando desde el aeropuerto de Riga que es la sede de la aerolínea en los bálticos.

Una de las curiosidades de este vuelo es que se viaja en el tiempo por la diferencia horaria entre los países. Despegamos a las 19:30 desde Riga y el arribo programado a Suecia era a las 19:40, una diferencia de apenas diez minutos. Al ser época invernal, despegamos completamente de noche y aterrizamos en Estocolmo bajo la misma oscuridad. Al tratarse de un trayecto tan corto, el servicio de a bordo es completamente de pago y apenas da tiempo a que los tripulantes pasen con el carrito antes de iniciar el descenso.

El A220 tiene una distribución de 2-3, a diferencia de los clásicos 737 o A320 que configuran sus filas en 3-3. Me tocó el asiento 22C, del lado de los dos asientos, lo que garantiza pasillo directo compartiendo la fila con una sola persona. Es una cabina que se siente espaciosa, con ventanas enormes y una comodidad notablemente superior para los estándares de los pasajes económicos europeos.

Al llegar a la puerta de embarque, el personal de airBaltic sacó una balanza grande y empezó a frenar a absolutamente todo el mundo antes de escanear el boarding pass. Sin exagerar, más de un tercio de los pasajeros terminaron pagando el exceso de equipaje de 30 euros ya que combinado no podia pesar mas de 8kg el articulo personal y equipaje de mano. Adelante mío había un grupo de tres suecos que estaban verdaderamente enfurecidos, discutiendo con el personal y repitiendo el clásico “no viajo nunca más por esta aerolínea”.

Al ver la fila y el posnet en la mano de la empleada, intenté una maniobra de supervivencia: abrí la valija en el piso, saqué dos buzos y me los puse encima para liberar volumen, y reacomodé todo lo que pude. Incluso descarté un paquete de yerba y un par de cosas para rascar gramos. No hubo caso. Me pasé igual y tuve que pagar €30 de multa en el acto, lo mismo que había costado el pasaje. Comercialmente es el negocio de las low-cost, pero conviene saberlo antes de llegar a la puerta.

Una nota aparte para el Aeropuerto de Arlanda que queda lejos del centro de Estocolmo y las opciones para trasladarse están entre las más caras que encontré en mis viajes por Europa. Cómo llegar al centro sin dejar medio presupuesto en el traslado lo cuento en el próximo post.